La hemivida o semivida (o en inglés half-life; y no, hoy no toca hablar del videojuego por mucho que me guste hacerlo; hoy toca hablar del término físico) se define como el periodo de tiempo que le lleva a una sustancia en descomposición a decrecer hasta perder la mitad de sus propiedades o, incluso (dependiendo de la sustancia), hasta reducirse a la mitad.

El término se emplea muchísimo para sustancias radiológicas, ya que inicialmente se acuñó para describir este fenómeno en compuestos y sustancias inestables. Es también un término muy empleado en sustancias con desintegración exponencial, ya que en ellas el periodo de hemivida se mantiene constante durante todo el proceso de desintegración. Sin embargo, es un término que está abierto a otro tipo de sustancias, como por ejemplo compuestos farmacológicos, o para propiedades no exclusivamente radioactivas.

En el caso que hoy nos atañe, se trata de sustancias monetarias. Es decir, de dinero. Y de cómo determinar el periodo de hemivida en estas circunstancias.

El viernes pasado me apunté a una porra en el trabajo para los euromillones. Ya sabéis, ese juego europeo que consiste en invertir grandes cantidades de dinero para que luego se lleve el primer premio un gabacho (acepción 4).

Del dinero invertido, una vez realizado el recuento de premios, se ha desintegrado exactamente la mitad. La otra mitad la vamos a someter esta semana a un segundo sorteo, a ver qué pasa. De los resultados obtenidos, y tras varias iteraciones (hasta que la fracción resultante tienda a cero, exactamente), podré obtener la hemivida del dinero.

Permanezcan atentos a sus pantallas.